A lo largo de los años, muchos, el programa de Cifu me acompañó como solo lo hacen los buenos libros, esas películas que nunca olvidas o las canciones de tu vida, las que siempre viajan contigo. Y hablando de viajes, Cifu y mi coche, y por extensión toda mi familia, han disfrutado de su compañía en las idas y en las vueltas desde Astúrias a Madrid, (casi siempre en la intersección entre Palencia y el Alto Campoo he de decir, asociados ya para siempre a mis recuerdos jazzísticos). Cuando empezaba la clase magistral de Cifu, (aquello no era un programa cualquiera, esos minutos de radio eran tan valiosos como el mismísimo oro), el vehículo circulaba en silencio solo “interrumpido” por el tono de voz sosegado de Cifu y algún tipo de magia con nombre de Davis, Coltrane o Mingus. Durante su programa los pasajeros viajaban como hipnotizados, solo atentos a los comentarios atinados rodeados del precioso paisaje. Cifu se ha ido. Se fue ayer. El Jazz y la música pierden un referente de la cultura de nuestro país y aunque ayer se marchó silenciosamente, nos queda el recuerdo del maestro.
miércoles, 18 de marzo de 2015
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CIUDAD GARCÍA
Podría comer gazpacho, tortilla de patata y pan tumaca todos los días del año. Disfruto con el humor de Gila y Eugenio y me chiflan los grupos de chicas de los 60 tipo Ronettes o Shangri-Las. Creo en el poder de las buenas canciones como "God Only Knows", "Billie Jean" o "Cupid" y en la importancia de pasarlo bien. Las películas de espadachines me entretienen una barbaridad y soy más de Han Solo que de Luke, donde va a parar. Ensuciarme los dedos en una vieja tienda de discos sigue pareciéndome un buen plan, y las cosas bonitas me hacen esbozar inconscientemente una sonrisa del tipo "eso era!".
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